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El riesgo de padecer el síndrome de la inmediatez

Mayo 23, 2020   |   Estilo de Vida,

“No lo quiero rápido… ¡lo quiero ya, de inmediato!”, decimos para todo. La impaciencia nos hace nerviosos, desesperados, alterados, acelerados, y nos despoja del sabor de la vida. Una vida que debiendo ser disfrutada a sorbos, al beberla con ansia nos atragantamos. Ese padecimiento es la angustia de la invocación por lo inmediato

 

Adriana Zapién

 

Detente un momento para reflexionar si estás a punto de padecer ese síndrome, si todavía estás a tiempo de caer en su sugestiva red.

La Revolución Industrial vino a cambiar la vida de la humanidad ayudando a que los bienes de consumo se produjeran en serie: le dio rapidez a la producción y por tanto a la distribución.

La rapidez se convirtió en una característica, y nos acostumbramos a tener todo más expedito y al por mayor. Todo es más accesible y todo lo encontramos más cerca con la existencia de transportes más rápidos, líneas férreas muy extensas, carreteras de muchas vías. Aunado a esto se han construido puentes como muestra de verdaderos retos de la ingeniería al atravesar barrancos, ríos y lagos, convirtiéndose en atajos, ayudando a la nula existencia de límites en cuanto a la movilidad. Y no se diga la evolución del avión al acortar las distancias con la velocidad cuando el tiempo es el factor principal a vencer.

Y si bien la Revolución Industrial nos llevó a la rapidez, la Revolución Tecnológica e Informática  nos ha llevado a la inmediatez.

Hoy en día la Revolución Tecnológica puso a girar constantemente nuestras vidas en todas las dimensiones, y donde si no suceden las cosas de manera inmediata podemos comenzar a desquiciarnos.

Sí. “Desquiciar” es la palabra, aunque suene exagerado.

Pero con las tecnologías de la información evolucionando de manera exponencial  se está orillado a la humanidad a padecer el síndrome de la inmediatez. Ese conjunto de síntomas es la sensación derivada de la construcción de procesadores de ordenadores de cómputo más rápidos, que provoca que nuestro inconsciente asimile el mundo con esa rapidez.

Hoy no es necesario salir a comprar un libro, ni ir a la biblioteca para encontrar la información, ni  esperar la emisión del diario del día siguiente para encontrar una noticia. Porque todo, absolutamente todo, lo encuentras en la red y de manera inmediata, solo tocando botones o la misma  la pantalla y como por arte de magia la información aparece verdadera, falsa o incorrecta… pero aparece.

No es el valor de la información lo importante, sino la velocidad en que la obtenemos. Y así poco a poco dejamos de razonar y pensar convirtiéndonos en mentes selectivas al leer lo que le cueste menos trabajo a nuestro cerebro.

Ésta es la razón por la cual debemos tener mucho cuidado a no padecer el síndrome de la inmediatez. Sin exagerar, este síntoma puede producir frustración, molestia o hacer que todo termine en un mal día, pues la rapidez experimentada en un mundo virtual queremos trasladarla al mundo físico.

“Instantáneo” es una palabra que poco a poco nos vuelve intolerantes ante la espera.

Hoy en día no queremos esperar absolutamente por nada. Nos frustra que la comida no llegue rápido cuando en realidad el proceso de producción es el mismo de los tiempos de antes. Hoy en día  no queremos esperar a que la oficina de servicio al cliente nos envíe al técnico y nos agende una cita… porque lo queremos que llegue en cinco minutos.

Hoy el síndrome de la inmediatez nos está volviendo locos, está haciendo que no disfrutemos el momento y se nos esté yendo la vida de prisa. Este síndrome produce una ansiedad acumulativa que elimina poco a poco nuestra paciencia –una de las virtudes básicas para nuestro balance de vida–. Porque la paciencia es la misma virtud que nos ayuda a tener una actitud a poder soportar contratiempos y dificultades, para ser constantes y no desesperar. Paciencia es virtud de guerreros, de los que sobrepasan las dificultades, de los ganadores, de los deportistas de alto rendimiento, de los inventores, de los exitosos, de los grandes.

Paciencia es la virtud básica para desarrollar le resiliencia.

Por eso si padecemos el síndrome de la inmediatez se podrán bloquear muchas capacidades que son básicas para ser felices.

Evitemos padecer el síndrome de la inmediatez y vivamos la vida con calma para disfrutarla.

Enseñemos a nuestros hijos a que la constancia es la clave del éxito en los proyectos y sobre todo que el aprendizaje no es inmediato.

Aleccionemos a nuestros hijos a darle tiempo al tiempo con la reflexión que hacía un buen amigo: “El que se apresura, generalmente hace basura”.

 

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