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El placer de visitar a la familia

Septiembre 26, 2021   |   Consejos,

Aunque siempre será buena idea, el verano es sin duda la temporada ideal para acercarte a la familia cuando la distancia –por cuestiones de trabajo o intereses de desarrollo personal– nos separa.

CASAS RUBA

Alejandro Moreira Treviño

En la actualidad y cada vez más, es común que por situaciones laborales, de desarrollo personal u otras, la vida nos lleve a lugares distintos a donde crecimos y viven nuestros padres. Es natural que en nuestra búsqueda de crecimiento tengamos que emigrar, causando una separación física a veces muy grande de las personas que amamos y nos vieron crecer, nuestra familia, y en especial, nuestros padres. 

Afortunadamente, hay momentos perfectos –las vacaciones escolares suelen ser la temporada ideal– para aprovechar y visitar a quienes nos vieron crecer y nos encaminaron a un futuro que ahora es nuestra realidad, pero que generalmente tiene como consecuencia natural el separarnos para formar una historia personal y nuestra propia familia. Por ello, cuando las condiciones implican una distancia entre ambas familias, debemos aprovechar cada ocasión posible para acercarnos y mantener nuestra relación como si no nos hubiéramos ido.

El verano es, además, un excelente momento para el disfrute de estar en lugares donde vivimos y aprendimos todas las primeras experiencias, juegos y –como bien recuerdo– diversión al máximo, no solo por el lugar en sí, sino sobre todo por las personas con quienes se comparten esos momentos.

A veces los planes de visitar suelen no ser tan sencillos, pero valen absolutamente el esfuerzo.

Personalmente, acabo de aprovechar hace unos días para visitar la casa de mis padres en el norte del país, manejando 1,280 km en un mismo día  hasta el norte del país, en Coahuila, un lugar  con calor extremo pero bendecido con un enorme río con kilómetros de hermosos y gigantescos sabinos, rodeados de animales y sonidos mágicos interminables como chicharras, cencerros de vacas, ladridos, y lo mejor: el fluir interminable y sonoro del agua.

CASAS RUBA

Durante esos días en el norte, las pláticas y actividades con mis padres son como si nunca hubiera salido de casa. Comidas juntos, trabajos en nuestro patio, paseos por mi pueblo, pero sobre todo y una de las mejoras cosas,  lo lindo que es la observación de cómo los nuevos ingredientes de la relación, es decir, sus nietos, se integran a estas actividades donde cada calle y lugar sirve para contarles uno de los muchos recuerdos que tengo de ahí.

El enorme aporte emocional que recibo estando con mi familia “de allá” tiene un valor intangible pero valiosísimo, donde –aunque no se diga explícitamente– lo siento y lo reconozco, y sé que mis padres de igual forma saben y sienten lo que nos regalan aderezado de momentos. 

Por eso, aunque después de algunos días la realidad nos regresa a nuestras actividades y ciudad actual, los momentos que aprovechamos en este y anteriores visitas a nuestra familia nos llenan de energía y ganas de seguir trabajando por nosotros y por el futuro de los que siguen y en su momento repetirán y mantendrán viva la cercanía y relación familiar de los que vayan creando sus propias historias, SIEMPRE cercanos y unidos entre nosotros. 

Y el enorme río Sabinas seguirá ahí y sus sabinos estarán esperando algún día ver desde lo alto a los hijos de mis hijos disfrutando su sombra y la frescura del agua. 

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