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Cinismo contra congruencia

Septiembre 11, 2020   |   Consejos,

Ser una persona “congruente” es lo opuesto a ser una persona “cínica”. “Actuar con hipocresía” es lo contrario a “manejarse con autenticidad”. El cínico es un desvergonzado, un simulador y un disimulado. En todos los idiomas, hoy en día entendemos así esos conceptos. Pero, hace siglos, el término significaba otra cosa.

Alfredo Rivera

 

El cinismo fue –en sus orígenes en la Antigua Grecia siglos antes de nuestra era– un modo de vida y una corriente filosófica. Ese modo de vida se basaba en la reducción al mínimo de las necesidades humanas, y era una crítica a los convencionalismos, una exigencia a la igualdad social, una fidelidad al rigor moral y un retorno al estado de naturaleza.

“Cynos” o “kinos”, en griego clásico, significa “perro” o “canino” (ésta, voz latina), por lo que los cínicos vivían –o sobrevivían– de la caridad o lo que los habitantes “normales” les quisieran compartir.

Aunque fundada la filosofía cínica por Antístenes, hoy en día acaso el cínico más conocido es Diógenes de Sínope, a quien se le atribuye el haber despreciado al hombre más poderoso en aquellos tiempos de 3 siglos antes de Cristo como fue Alejandro Magno al pedirle que éste no le tapara el sol con la sombra mientras Diógenes vivía en un tonel, pudiendo haber solicitado riquezas o vida de lujos en palacios.

De ese Diógenes se cuentan además infinidad de hechos, como el de llevar una lámpara de aceite encendida en pleno día “para buscar personas virtuosas”; o la anécdota de que mientras el filósofo comía un plato de lentejas, un rico cortesano le dijo:

–Si trabajaras para el rey y fueras sumiso, no tendrías necesidad de comer esa basura de lentejas.

–Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías necesidad de humillarte adulando al rey –le reviró Diógenes.

Así pues, los cínicos de la antigüedad vivían, literalmente, vidas de perros. Y así se sentían en estado de bienestar y aun en estado de felicidad. Decían que era mejor recordar a alguien por lo que era, no por lo que tenía.

Incluso en psicología se le denomina “síndrome de Diógenes” a personas que se aíslan de la sociedad, se recluyen en su hogar, descuidan alimentación y aseo y se vuelven acumuladoras de basura y cosas inútiles que “algún día servirán”.

Sin embargo, en nuestros días, en todos los idiomas, el término “cínico” en el habla cotidiana se utiliza no en ese sentido o acepción originales, sino que significa “persona que se ostenta, presume o dice tener virtudes que no posee”, o “el que no tiene vergüenza en el mentir”, “el imprudente”, “el descarado obsceno”. Un desvergonzado, pues. Y también un hipócrita que actúa con simulación (mostrar algo distinto a lo que no se es) y disimulo (ocultar lo que no le conviene o no se quiere mostrar).

Cuatro frases célebres de grandes personajes contemporáneos ilustran magistralmente lo que es un cínico:

“Un hipócrita es el tipo de político que corta un árbol, arma un escenario y luego da un discurso sobre la conservación”, según Watson.

Para Abraham Linclon, “un hipócrita es el que asesinó a sus padres y pidió clemencia con el argumento de que era un pobre huérfano”.

O, para Hazlitt, “un hipócrita desprecia a los que les miente, e incluso se miente y se desprecia a sí mismo. Se haría una víctima a sí mismo si pudiese”.

“Odio al cinismo más que al diablo. A menos que ambos sean la misma cosa”, escribió Robert Louis Stevenson.

El concepto opuesto al cinismo es la congruencia, el ser auténticos.

En conclusión, las dos acepciones del concepto “cinismo” –la original-antigua y la actual– son extremas. Una por referirnos a la indigencia, y la otra por situarnos en la abundancia, en la falsedad y las dos caras. En una, los personajes son de un remoto pasado. Y en la otra, en nuestra actualidad algunas de las personas con las que convivimos a diario u ocasionalmente son, sin duda, o muy auténticas o muy cínicas.

¿Con cuánta congruencia es tu conducta a diario entre tus colegas y entre tu familia? ¿has actuado alguna vez con hipocresía? ¿a cuántas personas cínicas conoces? ¿a cuántas personas íntegras aprecias?

Sólo tú tienes las respuestas.

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